La reinscripción del PIP desde otra perspectiva Roberto 0. Maldonado Nieves 8 de noviembre de 2008
El 4 de noviembre de 2008 se cumplieron 39,756 días a partir de la fecha en que el gobierno de Estados Unidos comenzó a ejercer control político, económico, social y cultural sobre el pueblo de Puerto Rico. Desde ese entonces ha existido un estado de guerra entre el gobierno de Estados Unidos y los puertorriqueños y desde ese entonces ese gobierno con unos cómplices del país cuyas conciencias en su gran mayoría han sido compradas con puestos, contratos, salarios y privilegios, han convencido a la mayor parte de los puertorriqueños de que la relación es una benevolente y beneficiosa para la Isla.
Desde ese entonces cientos de puertorriqueños han pagado con su vida, con sangre, con grandes sacrificios personales y para sus familias, y con muchas limitaciones, por el combate sin éxito de esa realidad. Ellos han llevado a cabo esas luchas a título personal y a través de una veintena de organizaciones que apenas han contado con unos logros limitados en diferentes áreas de nuestra vida de pueblo en particular a través de la cultura, la legislación económica y social y las luchas comunitarias y sindicales y a través de los tribunales por la justicia social y los derechos civiles y por combatir la corrupción. No obstante esos logros, el estado de guerra sigue vigente y el control político, económico, social y cultural sobre nuestro pueblo, es quizás más fuerte hoy que hace 10 años atrás. Contrario a nuestra realidad antes de las primeras inversiones significativas del gobierno de Estados Unidos en nuestra sociedad y en nuestra vida de pueblo a través de la PRERA y el desarrollo del estado benefactor, hoy día cerca de la mitad de nuestra población depende del gobierno federal para vivir a través de los programas de beneficencia social, el seguro social, empleos y contratos federales y las fuerzas armadas. Si añadimos el empleo gubernamental a nivel del gobierno de Puerto Rico y el municipal, esa población dependiente excede el 60% y nuestra fortaleza cultural como nación se limita al hecho de que compartimos un territorio insular, un idioma, unas tradiciones culturales y deportivas, y una limitada elite nacional fragmentada que cree en nuestra nacionalidad, porque desde la invasión, nuestra nacionalidad y nuestra historia han estado bajo asedio siendo sistemáticamente atacada y destruida. A lo largo de la historia de ese ataque, se le cantan loas a la ciudadanía americana, al progreso de ese país y a la necesidad de depender de esa relación, y a lo largo de ese proceso, hemos llegado a un nivel en el que la mayor parte de los puertorriqueños no sabe pensar por sí mismos, por miedo a pensar por sí mismos, o por la falta de capacidad para ello, y eso incluye a nuestras elites precisamente por el cheque, porque sus conciencias o subsistencia está comprometida u ocupada por la relación con los Estados Unidos y el sistema que ha mantenido y promovido con la complicidad de muchos puertorriqueños. Si unimos a esa realidad el hecho de que de acuerdo al censo del 2000 el 10% de nuestra población no sabía leer ni escribir y de que en el país había 1.75 millones de analfabetas funcionales, es de esperar de que apenas 1 de cada 10 puertorriqueños crea en la independencia, proporción que electoralmente nunca se ha visto reflejada porque desde 1960 en adelante, apenas hemos contado en unas pocas ocasiones con un 5% del electorado. El independentismo a través de las diferentes organizaciones políticas con las que ha contado nunca ha sabido enfrentar y combatir esa realidad, usándola en cambio como excusa para justificar el limitado apoyo recibido desde las elecciones de 1960 y para no ir más allá de una participación electoral.
El día 4 de noviembre de 2008 el pueblo de Puerto Rico y el independentismo le dieron la espalda al Partido Independentista Puertorriqueño (PIP). Por segundo ciclo electoral consecutivo en la era moderna el partido no quedó inscrito y por primera vez en más de 20 años los electores puertorriqueños optaron por no conferirle la oportunidad a legisladores del PIP de formar parte de de la Asamblea Legislativa. Una vez más el liderato del partido debate el futuro de la colectividad, y cuándo y cómo deberá comenzar la reinscripción, en un ambiente en el que según las manifestaciones y análisis expuesto públicamente por el liderato nacional del partido después de las elecciones, nuevamente no parece haber margen para cuestionar y someter a escrutinio los méritos y la validez del análisis del resultado electoral por parte de los altos dirigentes del partido. Peor aún, ese liderato parece no hacer caso a seis pilares de todo movimiento de liberación nacional: la organización de aquellos para quienes se supone que se esté luchando; la educación política; la construcción de la nación al mismo tiempo en que se va destruyendo la colonia; la organización y promoción del capital humano y económico de lo miembros del movimiento; la confrontación con el imperio en el imperio poniendo a recursos del mismo a trabajar por la causa; y la atracción e inversión de apoyo político y económico internacional para la causa.
En la década de 1970, cuando pasé a tener edad para votar, decidí ser militante del PIP y desde ese entonces he votado íntegro por el PIP. He sido funcionario de colegio, coordinador electoral, y contribuyente económico. Sin pretender ser perito en asuntos electorales, en la historia de Puerto Rico o del mundo, o en el complejo campo de las ciencias políticas, expongo una perspectiva alterna, que he compartido antes con otros compañeros y compañeras en torno al estado en el que se encuentra el PIP y en torno a la necesidad de reinscribirlo.
Ante el estado de guerra y asedio por parte del gobierno de los Estados Unidos de América al que Puerto Rico ha estado expuesto, ante los actos de agresión y control político, económico y social al que nuestro país ha estado sometido, tenemos no solamente que resistir, pero tenemos que ademas combatir esa realidad. Es un deber, es una obligación. Ante esa realidad y ese deber, contamos con un derecho a la autodeterminación e independencia, y por ese derecho es imperioso que contemos y luchemos por un espacio en todos los frentes de batalla y defensa de nuestra nacionalidad, y el frente electoral es uno de esos frentes. Ante ello el PIP debe reinscribirse. Ese espacio político tiene que reconquistarse, pero ante el resultado de las elecciones del 2004 y la repetición de lo ocurrido en aquel entonces en el 2008, aunque de una forma más estrepitosa por la pérdida de la representación legislativa, es necesario llevar a cabo un análisis en torno a lo ocurrido, y si el partido va a reinscribirse, con qué propósito lo hará.
En la noche del 4 de noviembre, ante el evidente colapso electoral del PIP, el compañero Edwin Irizarry Mora expresó su voluntad y deseo por seguir adelante con la lucha no solamente por la independencia de nuestra nación pero también por el PIP, no solo porque el PIP es el partido político que representa la independencia en el tablero electoral, pero también, según sus palabras, porque el PIP es un movimiento de liberación nacional. Lamentablemente, y con el mayor de los respetos al compañero Irizarry, aunque el PIP debiera ser además de un partido político un movimiento de liberación nacional, precisamente porque dejó de serlo hace varios ciclos electorales, si algún día lo fue, es que ha sido vencido por el proceso electoral colonial.
Un movimiento de liberación nacional es un movimiento cuyo propósito es el de alcanzar la independencia de un país sometido al control y dominio de otro, y para liberar a una nación hay que tener un plan para construir esa nación, y ese plan tiene que ser implantado desde el momento en que se instituye la organización o movimiento de liberación nacional. A lo largo de la historia de Puerto Rico desde el 1898, ninguna de las organizaciones que han promovido la independencia de Puerto Rico ha contado con un proyecto, con un plan económico, político, social y cultural para construir desde la colonia y desde la minoría política la república, construyendo sobre la marcha un país libre dentro de un país colonizado de forma tal que mientras la colonia va quebrando y sus instituciones van colapsando, las bases e instituciones que el movimiento de liberación nacional va creando y construyendo, van llenando el espacio dejado por la caída de los pilares de la colonia. Ninguno de los movimientos independentistas de Puerto Rico ha contado o implantado tal plan, y hoy día, en que existen unos enormes vacíos en nuestra sociedad ante la quiebra política, económica y social que vive el país, esos campos permanecen abiertos salvo por la forma en que las fórmulas y grupos coloniales tradicionales los tratan de llenar, con figuras, planes e ideas políticas, económicas y sociales desgastadas y recicladas. Peor aún, al limitarse a ser un partido político tradicional dentro de un proceso electoral colonial, el PIP está pagando las consecuencias de ser parte del mismo reciclaje y desgaste que lo han llevado al borde de la irrelevancia electoral. En respuesta a este planteamiento se puede traer a nuestra atención los programas políticos cuidadosamente elaborados y desarrollados para cada campaña electoral por el PIP. De acuerdo, son excelentes programas, pero considerando el hecho de que ante nuestra realidad colonial, nunca en la colonia por la vía electoral dichos programas se van a implantar, de nada valen las horas de trabajo en la preparación de dichos programas si los mismos van a pasar a ser notas al calce electorales o textos para llenar un espacio en una biblioteca. Con la confección del programa tiene que adoptarse e implantarse un plan de acción para implantar el mismo para la construcción del país dentro de la colonia, desde la base en adelante independientemente de los logros y los fracasos electorales. Hay que adoptar proyectos políticos, económicos, sociales y culturales desde la base y desde los niveles comunitarios y municipales y regionales, para ir llenando los vacíos que la quiebra colonial y el colapso de las instituciones coloniales va dejando, como parte de la lucha por la liberación nacional y de la construcción de la patria soberana. Esa labor es parte del llamado que nos hiciera don Pedro Albizu Campos cuando nos decía que la lucha por la independencia es la organización de la patria para el rescate de su soberanía. Unido a esa organización va la educación, y a lo largo de los últimos 25 años, no ha habido en la lucha por la independencia de Puerto Rico ni organización a nivel de base ni educación política, salvo en unos limitados momentos cuando el PIP renació en la década de 1970 además de otros esfuerzos que surgían en la Isla. Pero esos momentos fueron cortos y sin esos dos elementos, la organización y la educación, no hay movimiento ni de liberación nacional ni de cambio social. Y en esa organización y educación política, hay que brindar a los puertorriqueños no solamente una alternativa de vida para el futuro, hay que darles alternativas de vida, servicios y oportunidades desde el presente, desde la colonia, desde la minoría aún cuando no se cuente con poder político gubernamental alguno, porque llenando los vacíos de poder político, económico, social y cultural que la quiebra y el colapso colonial va abriendo, adquirimos poder para nuestro pueblo, para la causa, para el movimiento de liberación nacional y para la independencia.
El domingo 26 de octubre de 2008 recibí la visita de un compañero del precinto 2 de San Juan para que trabajara como funcionario de colegio el día de las elecciones. Era la primera vez en todo el cuatrenio que recibía una visita por parte de un militante del PIP. Con esa visita me enteré por primera vez de quién era el candidato a representante del precinto, eso es a nueve días antes de la elección. La visita recibida y el estado en el que se encontraba la campaña electoral del PIP me recordó un reportaje del El Nuevo Día de hace unos meses atrás en el que se detallaba el estado de los recaudos de cada una de los candidatos a gobernador. Por Edwin se reportaba a abril o mayo de este año unos $39,000.00. Esa cifra me hizo ver el estado caótico de la organización política del partido y de las finanzas ni se diga. Si contamos con unos 44,863 votos íntegros en las elecciones de 2004,¿cómo es posible que para este año no se haya podido conseguir que por los menos 20,000 de ellos hayan contribuido al menos $20.00 cada uno para contar con unos $400,000.00 para su campaña?
La campaña, no obstante los esfuerzos de Edwin, estuvo desenfocada. Una vez más nos dedicamos a predicarle a los conversos, hablando de una "declaración de independencia personal o muncipal" o de una "opción radical" que para la mayor parte del electorado no tiene sentido alguno. Llevamos más de veinte años predicando a los conversos, no de la independencia, sino del PIP, y parece que hoy hay menos de los que había hace veinte años atrás. De modo que aún predicando en nuestra propia capilla hemos fracasado ¿Cuántos melones se van a convencer de que no deben votar por Aníbal con esa campaña o porque algunas personas reconocidas endosen a Edwin? Los reportajes y columnas de Claridad a favor de Aníbal Acevedo Vilá aparentemente fueron más eficaces en promover la otra causa.
Me pregunto si los que tuvieron a su cargo la campaña electoral de este año fueron los mismos genios del desastre del 2004. Que a la altura del 2008 nuestra campaña hubiese girado en torno a la preocupación por mantener la franquicia electoral y porque los independentistas se queden en el PIP o por lo menos voten por Edwin revela dos realidades desafortunadas. Por un lado es muestra del pobre e irresponsable trabajo de organización y educación política del partido desde hace más de veinte años. La buena organización con educación política a lo largo de todos esos años hubiera sentado las bases de una militancia más fuerte, segura, y grande en número, permitiendo enfocar nuestras energías en un continuo crecimiento y en verdaderamente adelantar la independencia, no solo por la vía electoral, pero también como movimiento de liberación nacional. Por otro lado revela un reconocimiento por parte de la dirección del partido de que los independentistas que "prestan" su voto por razones que pueden ser buenas o malas, son verdaderamente independentistas y no populares abochornados. De lo contrario, el PIP no estuviera atacando tanto al PPD y tratando de convencer al mayor número de independentistas porque no hicieran lo mismo que hicieron en el 2004. Esa campaña fracasó porque un gran número de electores ni votó por Aníbal Acevedo Vilá ni votó por el PIP, porque la merma de más de 150,000 votos que tuvo el PPD puede ser atribuible a populares que se quedaron en su casa y no votaron por el PPD y a independentistas que prestaron su voto en el 2004 pero que optaron por no regresar al PIP. No podemos tampoco concluir que esos 150,000 se volcaron en el PNP porque Luis Fortuño apenas logró conseguir 50,000 votos más que Pedro Rosselló en el año 2004, cuando Rosselló se encontraba en su peor momento y ante las circunstancias más polarizantes. Evidentemente, muchos de los 50,000 que votaron por Rubén Berríos en el 2000 que se perdieron después de las elecciones del 2000, se quedaron en sus casas.
No hay excusas para que lo que ocurrió en 1960 y 1964 y que ocurrió a la altura del 2004, también ocurriera en el año 2008. En la década de 1960 el PPD estaba en todo su apogeo y enfrentábamos los peores momentos de la secuela de la criminalización de la independencia. ¿Cuál es la excusa el 5 de noviembre porque dentro del PIP nadie ha sido responsable por los desenlaces desastrosos? Ningún militante debe ser mezquino culpando a Edwin Irizarry Mora. El problema no era el candidato.
El abrazo a la alternativa electoral, sin un plan para alcanzar la independencia por más de dos décadas ha sido una decisión irresponsable por parte de los más altos cuadros del partido, así como también el abandono del verdadero propósito de cualquier partido político cuyo propósito es el de promover la independencia, que es el de ser un movimiento de liberación nacional. El no reconocer que la independencia no va a llegar a través de unas elecciones, ante lo cual hay que invertir esfuerzos y recursos en otras tricheras de lucha ha constituido un grave error. Obviar la necesidad y la responsabilidad de contar con un plan de desarrollo politico, económico, social y cultural anticolonial implantando el mismo desde la minoría y fuera del poder político tradicional ha sido una omisión que rebasa los límites de la negligencia crasa. El no trabajar por la organización de la patria para el rescate de su soberanía poniendo la educación política y el trabajo organizativo desde la base entre las más altas prioridades es parte de ese error.
Nuestro enemigo no es el PPD, ni Aníbal Acevedo Vilá, ni el PNP o Fortuño. Nuestro enemigo y nuestro problema es el gobierno de los Estados Unidos que con toda premeditación creó el problema colonial con la ocupación y el ejercicio del control político y económico sobre los puertorriqueños desde el 1898, y el fracaso de las organizaciones que han promovido la autodeterminación de Puerto Rico desde entonces. El fracaso ha sido provocado por la criminalización a la que ha sido objeto la independencia por la represión en particular desde la década de 1930 en adelante, y por la publicidad negativa a la que ha sido objeto desde la década de 1950 en adelante. Al fracaso ha contribuido la incapacidad del independentismo en Puerto Rico de contrarrestar esa criminalización y mala publicidad, en particular a partir de la década de 1980, una vez el PIP logró institucionalizar una representación legislativa a través del proceso electoral con la conquista del voto mixto. Nos conformamos con ese espacio político dejando de ser un movimiento de liberación nacional para convertirnos en un partido político tradicional, obviando la necesidad imperiosa de educar, de organizar y de luchar con las organizaciones de comunidad de base y con los trabajadores, y de organizar políticamente y luchar por y promover el capital profesional, cultural, industrial y comercial criollo que cree en la autodeterminación. Nos conformamos con el espacio político legislativo obviando la necesidad de crear, promover y ofrecer alternativas políticas, económicas, sociales y culturales a los puertorriqueños fuera del marco electoral, como parte de la educación y la organización de las comunidades y de los puertorriqueños para el desarrollo nacional y el rescate de nuestra soberanía. Nos conformamos con ese espacio político obviando también las virtudes del mercadeo para contrarestar la mala publicidad y criminalización de la independencia, en parte también por las nociones izquierdistas de la era previa a la caída de la Unión Soviética, que ven el mercadeo como algo malo, como parte del engaño del comercio capitalista para promover la venta de bienes y servicios, sin reconocer que aún en la izquierda se reconocen las virtudes del mercadeo para promover causas e ideas.
El abrazo al electoralismo por tantos ciclos electorales, nos ha llevado además a perder la perspectiva de los cambios que han ocurrido durante este cuatrenio en el tablero electoral. La forma en que se subestimó el PPR fue grave. En lugar de llevar a cabo una campaña positiva con un trabajo educativo y organizativo y de campo para aumentar el electorado en particular entre los electores independientes y el electorado joven, el enfoque fue uno defensivo y de ataques de corte personalistas al PPRy a su candidato Rogelio Figueroa. En cambio, con un coquí, con una sonrisa, y con un mensaje ambientalista y de desarrollo sustentable, él tiró anzuelos en el mercado electoral, compitiendo con el PIP con efectividad en el electorado joven e independiente, e incluso en el mercado de los descontentos con sus partidos. La efectividad de esa competencia llegó al extremo de que el PPR alcanzó más votos que el PIP. Peor aún, cada voto íntegro que recibió el PPR contribuyó a la derrota de las candidaturas de María de Lourdes Santiago y de Víctor García San Inocencio. María de Lourdes recibió unos 80,000 votos. El PPR, y esto no necesariamente significa que sus votantes en ausencia del PPR hubieran votado por el PIP, obtuvo 41,000 votos íntegros. Pero como ese voto íntegro constituyó un rechazó al llamado dramático de última hora de Acevedo Vilá, ese voto estaba disponible para el PIP en el mercado electoral, porque esos votantes no tuvieron miedo a que el PNP llegara al poder, y al no conseguir la mayor parte de los mismos aunque fuera para las candidaturas legislativas del PIP, constituyeron una pérdida. La suma de esos votos a los 80,000 de María de Lourdes la hubiera llevado al nivel de 120,000, eso es apenas 2,000 votos de distancia de Juan Eugenio Hernández Mayoral, el último en entrar por derecho propio. En el caso de Víctor, él alcanzó unos 87,000 votos. Con los 40,000 del PPR alcanzaba 127,000, eso es mil por encima de los 126,000 de Brenda López, la última que entró por acumulación. La falta de planificación y de trabajo ante ese peligro y esa realidad fue desafortunada.
La candidatura de María de Lourdes además enfrentó otro peligro que terminó siendo otro golpe y fue la candidatura independiente de Orlando Parga. Pensemos en los electores PNP que han votado mixto en el pasado por los candidatos del PIP, cuando vieron en la papeleta la foto de Orlando Parga. Ante esa foto, el voto mixto por María de Lourdes no era seguro y Parga obtuvo unos 15,000 votos.
Por otro lado hay otro detalle histórico que aparentemente fue desapercibido por el liderato del PIP y los propios candidatos en lo que a las candidaturas legislativas respecta. La diferencia entre María de Lourdes y Eudaldo Báez Galib, el último que entró por acumulación en las elecciones del 2004, fue de unos 42,000 votos. La diferencia entre Víctor y el último que entró por el PPD, Jorge Colberg, en las elecciones de 2004, fue de 40,000 votos. Ante esa diferencia, el peligro del impacto de la aparición del PPR y de la candidatura de Parga era de esperarse, y el liderato del PIP ni fue precavido ni previó esa realidad política a pesar de la trayectoría que las candidaturas legislativas llevaban. Las candidaturas legislativas del PIP habían perdido tracción electoral desde las elecciones del año 2000. Entre el 2000 y el 2004 Víctor perdió 48,000 votos. Entre el 2000 y el 2004 , aunque Fernando Martín fue el candidato al Senado, la candidatura al Senado del PIP perdió 50,000 votos. ¿Qué hizo el liderato del partido en este cuatrenio y en esta campaña para cambiar la dirección de esa tendencia? Al parecer nada puesto que Víctor perdió 90,000 votos y María de Lourdes 87,000.
No obstante lo difícil que ha sido ser independentista durante los últimos cien años ante el imperio más sofisticado y poderoso del siglo XX por la persecución, la criminalización del ideal, el carpeteo y la manera en que se ha tratado de socavar nuestra riqueza histórica y cultural a través de los sistemas de educación, el PIP ha hecho importantes aportaciones a la defensa de la nación puertorriqueña, de los derechos civiles y de la luchas sociales y económicas de los pobres y los trabajadores. Desafortunadamente, esos triunfos y en particular el alcanzado en Vieques junto a otros grupos cívicos con la partida de las fuerzas armadas de esa isla y de Roosevelt Roads, están perdiendo significado precisamente por la incapacidad del PIP para aprender la lección de lo ocurrido. El liderato del PIP se creyó que la Marina se fue sólo por el PIP, cuando su partida fue provocada por la importante labor y los sacrificios de muchos militantes del partido como parte de un movimiento de pueblo y de organizaciones que incluyó la contribución de muchos no militantes, fuera del marco del proceso político partidista para lograr ese importante paso en el proceso de desmilitarización y descolonización. Además, no nos engañemos. No perdamos de perspectiva el hecho de que Puerto Rico ha perdido valor desde el punto de vista militar y si el gobierno de Estados Unidos hubiera querido quedarse en Vieques y en Roosevelt Roads, algo se hubiera inventado y la lucha hubiera sido más ardua y onerosa.
La lección de Vieques fue la de que para la solución a nuestro problema colonial, el camino está fuera del proceso político partidista, porque, ninguno de los partidos políticos está en posición de cuajar una supermayoría para cualquier propósito, y los llamados para resolver por consenso el problema del status, son gritos en un valle desolado y sin eco. La realidad de los partidos es una en la que el compromiso con obtener y mantener el poder sobre el presupuesto gubernamental es más importante que el dar un paso fuera del marco sectarista para buscar la descolonización. Además, el consenso como mecanismo para resolver problemas no es indispensable. De hecho, es un método de resolución de disputas sobre estimado que, en el discurso político sobre el status de Puerto Rico, incluso ha alcanzado niveles míticos. También, en la historia de la humanidad el progreso no ha estado necesariamente ligado a los consensos; muchas veces ha sido logrado por mayorías decididas a provocar cambios y, en otras, por minorías que han decidido poner sus ideas en práctica.
El PIP, al no aprender de la experiencia de Vieques, o al negarse a hacerlo, en lugar de reconocer que se supone que los partidos independentistas sean primero movimientos de liberación nacional, siendo el partido una herramienta del movimiento para promover la liberación, se ha limitado a ser un partido que como organización se enciende y activa una vez cada cuatro años con los ciclos electorales o cada vez que hay alguna consulta electoral. Ante las divisiones de la década de 1970 y el carpeteo, experiencias que a estas alturas debieron haber sido superadas, como mecanismo de defensa ante ataques políticos externos o por intereses personales de algunos de sus líderes, se ha limitado a actuar como partido político dentro del esquema petrificante del proceso electoral colonial, con una arrogancia purista aprisionadora y contraria al espíritu de apertura propio de todo movimiento liberador. Su odio al PPD y a su liderato a lo largo de los últimos veinte años ha alcanzado unos niveles de toxicidad tan altos en el liderato del PIP que le han hecho perder en ocasiones la perspectiva sobre la realidad colonial. La conducta asumida después de los eventos del 23 de septiembre de 2005 y de la publicación del Informe de Casa Blanca en diciembre de 2005, es prueba clara de ello. En lugar de atacar al verdadero enemigo y el causante del coloniaje, el Gobierno de los Estados Unidos, con un espíritu de apertura liberadora, el liderato político del PIP ha hecho uso de lo ocurrido con esos dos eventos para hacer ataques político partidistas.
Un examen del análisis que hizo el liderato del PIP del resultado de las elecciones del 2004 apenas unos días después de las mismas, análisis que al día de hoy aún sostiene, refleja también el abandono de la lucha como movimiento de liberación nacional y la falta de una perspectiva más clara de nuestra realidad fuera de unos lentes sectaristas. El análisis fue no sólo superficial, pero también fue un ejercicio atropellado por explicar el resultado como producto de fuerzas ajenas al partido y su dirección, sin una reflexión cuidadosa y profunda de todos los elementos que pudieron haber contribuido al penoso resultado. La interpretación de los resultados, a menos de 48 horas después de darse éstos, fue atropellada y carente de reflexión, porque nadie hizo un estudio para saber las razones por las cuales 50,000 que votaron por Rubén Berríos y el PIP en el año 2000 no lo hicieron en el 2004. Es además preocupante y decepcionante cómo con el análisis que se presentó se minimiza la gravedad de la realidad y la seriedad de la pérdida de la franquicia electoral. Si el análisis del 2008 lleva el mismo curso, vamos por el camino de repetir los errores del pasado enterrándonos más en la fosa de la extinción.
Dar explicaciones sin reflexión ha llevado al PIP al camino de creer explicaciones que pueden no necesariamente ser correctas y tomar decisiones políticas basadas en premisas que pudiendo ser incorrectas, pueden llevarnos al cementerio de la irrelevancia en el que yacen los restos de un sinfín de movimientos políticos de la historia de la humanidad. Después de todo, ¿cuántas veces el PIP ha partido de un análisis y de una interpretación de nuestra realidad electoral incorrectamente? No se pueden olvidar la pegatinas de la campaña del año 1980, la de los CIEN MIL que nunca votaron por el PIP en aquel entonces. Tampoco votaron en 1984 ni en 1988, ni en el 1992 ni en el 1996. Tomó 20 años alcanzar ese número, a pesar de los vaticinios del liderato en cada uno de esos ciclos electorales de que ese sería el año del gran crecimiento, tal y como se expresaba en reuniones, presentaciones públicas y entrevistas con los medios de comunicación durante aquellas y la campaña electoral del 2004. De hecho, hicieron los mismos vaticinios para las elecciones del año 2008. "La calle" se los decía. ¿Por cuáles calles y en qué barrios andaron? Al final del camino, a la altura del año 2004, de los cien mil sólo quedó la mitad y muchos de ellos decepcionados por el análisis y los vaticinios de un crecimiento que no llegó porque no se ha estado haciendo el ejercicio de sentarse a pensar en qué si en algo se ha fallado, o qué se tenía que hacer o qué se ha dejado de hacer para irrigar y mantener el crecimiento de las semillas sembradas durante cada ciclo electoral. En el 2008 quedaron menos todavía. ¿Cuántos de los que votaron por Rubén Berríos en el 1976 y en el 2000 votaron por él en el 2004? ¿Cuántos de los que votaron por Rubén Berríos en el 2004, votaron por Edwin en el 2008? Por supuesto, algunos han muerto, pero son decenas y cientos, por no decir miles, que votaron por el PIP una, o quizás dos, o quizás tres veces, que ya dejaron de darle el voto. Y no nos referimos a Carlos Gallisá, Marta Font de Calero, David Noriega, Julio Muriente y otros tantos que cuentan hoy día con alguna posición que les permite acceso a los medios que tratan de manipular la opinión pública, que podrían o no tener un precio y que si lo tuvieran, no nos corresponde juzgarlos. Estoy hablando de puertorriqueños de carne y hueso, que sienten, padecen, trabajan y aman esta tierra, que se sienten frustrados por nuestra realidad y que quizás por no contar con el nivel de educación política necesario para resistir los embates diarios de nuestra realidad colonial optan por considerar otras alternativas políticas ante su decepción con el estado político y social. Y eso es parte de la responsabilidad política, el promover la educación política pero, ¿dónde ha estado esa educación política durante estos últimos veinte años para cimentar la fuerza ideológica de los simpatizantes de la independencia de forma tal que cuando se les convoque respondan y cuando se les llame a crecer en número también lo hagan? Quizás el desenlace del 2004 es entonces atribuible a lo que el PIP ha hecho o dejado de hacer durante los últimos 20 años para que sus simpatizantes y militantes no fueran cobardes, según fueron juzgados por el liderato del partido, si fue por miedo que votaron por Aníbal Acevedo Vilá. Quizás el desenlace del 2008 es una confirmación y una corroboración de este análisis. Si la bandera del PIP es la libertad y no lo son Rubén Berríos o determinadas personas o candidatos, algo entonces tiene que estar haciendo mal el partido. No es por Rosselló, por algún miedo o por alguna otra excusa. Más aún, Rosselló no estaba en la papeleta en el año 2008. De hecho, si ante nuestra realidad colonial el miedo es el motivo para no apoyar el único instrumento electoral que promueve la independencia, el liderato del PIP debiera sentirse abochornado de que a pesar de todas las batallas que ha librado y ganado en los tribunales, la asamblea legislativa, las urnas y la calle, a la altura del 2004 y el 2008 no hubiera retenido los 100,000 votantes del año 2000, esforzándose por multiplicarse y por provocar las circunstancias para obligar al gobierno imperial a reconocer y respetar nuestro derecho a la libertad.
El compañero Fernando Martín, quien por más de veinte años ha ocupado una de las posiciones principales en la dirección del PIP, ha dicho que en la consulta plebiscitaria de 1998 el PIP se quedó con el "corazón del rollo", es decir, los 39,838 electores que votaron por la independencia. Si eso fue así, es vergonzoso que entre el 1964, cuando 22,201 votantes apoyaron a Gilberto Concepción de Gracia después de tantos golpes represivos y cuando todavía era un verdadero acto de patriotismo decir que se era independentista, y el 1998, en el que apenas se llega a 40,000, el crecimiento del "corazón del rollo" haya sido tan exiguo. Que a la altura del 2004 y el 2008 el voto íntegro no alcance los 40,000 es bochornoso y debiera como poco provocar que el liderato nacional pusiera a la disposición de la militancia su liderato, renunciando a cualquier posición en la organización. El compañero Martín ha expresado también que a través del proceso electoral no habrá crecimiento dentro de nuestra realidad colonial, siendo solo necesario mantener la estructura y los cuadros existentes del partido puesto que la independencia llegará desde los Estados Unidos y en ese entonces el PIP se hará cargo del país. Desde que el compañero Rubén Berríos escribió en la revista Foreign Affairs en la década de 1970 cómo la independencia era la única alternativa para los Estados Unidos, estamos esperando por el rayo fulminante que llegará desde Washington con la independencia. ¿Significa eso que desde hace más de veinticinco años el liderato del PIP ha estado esperando por la llegada de la independencia.? Eso parece, obviando y evadiendo el deber de luchar por la independencia. Por otro lado, si la independencia vendrá a Puerto Rico de esa forma, ¿acaso en ese momento los líderes coloniales no van a aprovechar la oportunidad para dejar de ser colonialistas para ser independentistas de forma tal que puedan continuar ejerciendo el poder sobre el país? La independencia no viene de camino desde Washington y tampoco nos la van a regalar.
Nada ha ocurrido a lo largo de los últimos treinta años que nos pueda llevar a concluir que a la corta o a la media nos van a regalar o a imponer la independencia. Por otro lado, los movimientos de liberación no esperan, trabajan por ella. La perspectiva de los compañeros Berríos y Martín a esos efectos revela por qué si fue, el PIP hace muchos años que dejó de ser un movimiento de liberación nacional. Por eso es hora de que ambos y aquellos del liderato que piensan como ellos y que han vivido de esa espera, se marchen a sus casas, y si aún sienten respeto por el partido, por sus militantes y por su historia, poniendo su experiencia y su récord de trabajo a la disposición de los nuevos cuadros de la organización.
De poco entonces puede haber valido reinscribir al partido en el 2004 y reinscribirlo en el 2008 si tomamos en cuenta que poco si algo ha hecho el PIP para educar a sus simpatizantes de forma que además de pensar por sí mismos ante los espejimos y las mentiras de la realidad colonial, su carácter y disposición por contribuir a nuestra libertad sean férreos e inquebrantables y no gelatinosos. Trabajar en la reinscripción sin reconocer que se ha fallado en el cumplimiento de esos deberes, sin reconocer la importancia de ser primero un movimiento de liberación nacional, y sin contar con un plan para empezar de inmediato la construcción de la nación dentro de la colonia, es un grave e imperdonable error.
Si bien es cierto que, como organización política, el PIP no debe dejarse manipular bajo presiones causadas por críticos en los medios de comunicación dirigidas a ciertas personas de su liderato en particular, no hay motivos para molestarse ante esa línea de ataque. De eso trata la competencia en el mercado electoral, más aún si se opta por limitarse exclusivamente a luchar por la independencia en ese frente. Además, no perdamos de perspectiva que el PIP ha provocado ese ataque cuando personaliza sus campañas políticas, lo cual es un grave error porque la independencia no es Rubén Berríos ni determinado candidato. De igual forma, un partido independentista no puede ser Rubén Berríos ni determinado candidato. En la medida en que el PIP reacciona a esas críticas y esos ataques personalizando la discusión, cae en la trampa que en el mercado electoral y las competencias políticas se les tiende a los líderes políticos o en el deporte a los grandes atletas, que después de muchos años sufren una estrepitosa derrota o el retiro en la ignominia, el olvido o la soledad. Y como una organización política cuyo norte es la liberación nacional, hay además otra trampa en la que el PIP ha caído al reaccionar personalizando las críticas, que es la de que el debate sea en torno a personas y no a la necesidad de alcanzar la libertad. Además, personalizar la lucha es también un grave error porque provoca que la militancia pierda de perspectiva que la lucha por la independencia es por un pueblo y no por determinadas personas. El PIP y el trabajo en el PIP y para el PIP es por la independencia. No es para honrar la memoria de nadie, ni siquiera la de Ramón Emeterio Betances, ni la de Eugenio María de Hostos, ni la de Segundo Ruiz Belvis, por no hablar de las figuras independentistas del siglo XX, que todavía está cerca. Al enfocar la labor política hacia promover a determinadas personas, el movimiento de liberación nacional deja de serlo para ser un partido político, olvidándose del verdadero norte, la libertad, y provocando además que personas dentro de la organización pongan sus intereses personales sobre la independencia de Puerto Rico. Esa postura pone además en peligro el poder institucional de hacer uso de sus procedimientos para tomar decisiones con relación a toda aquella persona que obstaculice el camino hacia la libertad, sea ésta un soldado de fila o la figura principal.
De don Pedro Albizu Campos aprendimos que la victoria de un puertorriqueño sobre otro es la derrota de la patria. Siendo eso así, el reto de todo puertorriqueño que desee nuestra libertad o al menos la terminación del régimen colonial, brindando al país una oportunidad genuina y auténtica de autodeterminación, es el de sumar puertorriqueños, no restarlos, no competir contra ellos y menos, ofenderlos. Miles le dieron la firma al PIP para su reinscripción pero, ¿cuántas de esas firmas correspondieron a los que "prestaron a su mujer" recordando las palabras de Rubén Berríos al referirse a aquellos que fueran a "prestar su voto" a Aníbal Acevedo Vilá? ¿Cómo le pidieron a electores que votaron por el PIP en elecciones anteriores, que trabajaron como funcionarios de colegio en elecciones anteriores y que han hecho en el pasado contribuciones económicas al PIP que den su firma para reinscribir al partido después de ofenderlos, de llamarles traidores, de decirles que quien presta su voto es como quien presta a su mujer, como si a la altura del siglo XXI debiéramos estar refiriéndonos a nuestras compañeras como si fueran objetos? ¿Qué les dijeron a quienes se quejaron por ese trato? La expresión de buena voluntad quizás hubiera sido suficiente, pero las actitudes institucionales no hacen fácil la labor en la calle. Además, ¿quiénes son los líderes de un partido político para juzgar a aquellos que no están en la palestra pública y que así como en el pasado han dado su apoyo a la independencia en los procesos electorales pueden en el futuro regresar? En la medida en que juzguen a los votantes poniendo en entredicho su dignidad sin ninguna necesidad, el liderato del PIP no puede quejarse de que le juzguen con la misma severidad, ni de que por precisamente hacer uso de esa forma de ataque personal, los electores rechacen de plano al PIP, negándose incluso a pensar en la necesidad de alcanzar nuestra libertad. Por otro lado, ante lo ocurrido el 4 de noviembre, ¿qué se le va a decir a los electores en esta ocasión? ¿Qué se les va a ofrecer? ¿O acaso el ejercicio tiene como único propósito el restablecimiento de la franquicia electoral para contar con un fondo electoral para vivir de él? Considerando el desenlace electoral del 2004 y del 2008, ese parece ser el único provecho que se le ha sacado al fondo electoral.
La política es el arte de ejercer el poder gubernamental con el objetivo de implantar determinadas agendas económicas, políticas, sociales y culturales. Para lograr ese objetivo, hace falta un elemento de fuerza, es decir, el poder militar. Hace falta además capital económico para comprar o controlar ese poder o la habilidad para provocar determinadas circunstancias en la sociedad que permitan al buscador del poder, en nuestro caso el movimiento de liberación nacional, adquirirlo para lograr la independencia. Desde el 1898 los independentistas no han tenido ni el poder militar ni el capital económico para comprarlo. Ante esa realidad y la represión que ha tenido que enfrentar, su única fuente de fuerza ha sido la de unas pocas manos y las manos de aquellos que en determinados momentos se les han unido. Por el camino, lo que los independentistas han podido conseguir lo han conseguido sumando, no restando. Mientras nuestro liderato siga pensando como lo hace y participando sólo en el proceso político aparte de los demás, con una proyección antagónica, seguirá restando y con el paso del tiempo quedándose cada vez más y más solo. El que puede decir "vete y no peques más", como se refirió el liderato del PIP a quienes prestaron su voto en las elecciones del 2004 dejó de estar entre nosotros como ser de carne y hueso hace más de dos mil años. El reto de quienes desean promover la autodeterminación de nuestro pueblo es el de educar y sumar y enfrentar al verdadero enemigo, el gobierno de los Estados Unidos. Limitarse a ser un partido político para competir en unas contiendas electorales que dentro de la realidad colonial nunca se van a ganar, está quedando probado cada cuatro años que es un ejercicio fútil de participación política. Esto, ante otras circunstancias imprevistas a corto o medio plazo, puede en el futuro está provocando otra crisis en nuestra militancia tan o más seria que la que enfrentó el Día de los Muertos del año 2004, corriendo entonces el peligro de quedar enterrado en el cementerio de la irrelevancia y la soledad.
Una de las excusas que se ofrece para explicar lo ocurrido en el 2004 y ahora en el 2008, es la forma en que los medios de comunicación están en contra del PIP. Esa es otra excusa como la de los niños llorones de una escuela primaria cuando algo les sale mal. ¿Qué otra cosa se puede esperar de los medios de comunicación? Los dueños de los principales medios de comunicación no creen en la independencia y tampoco contamos con los medios económicos para comprarlos. Siendo eso así, no es hora y nunca ha sido hora de lamentarnos. Es y siempre ha sido hora de hacer algo al respecto. ¿Acaso cuando Ho Chi Minh y los vietnamitas eran criminalmente bombardeados por los Estados Unidos se cruzaron de brazos y se echaron a llorar? ¿O cuando Jorge Washington y los revolucionarios norteamericanos no tenían con qué pagarle a las tropas del ejército continental y estaban al borde de caer ante los británicos y los mercenarios alemanes? ¿O cuando Mandela pasó tantos años en la cárcel y los surafricanos continuaban resistiendo todos esos años la pobreza, el racismo y el apartheid? ¿O cuando los rusos se vieron a punto de perder a Moscú y a Stalingrado ante el poderío militar alemán durante la Segunda Guerra Mundial? No se lamentaron y se echaron a llorar. Todos hicieron algo al respecto con los recursos que tenían. Combatieron y buscaron la forma de prevalecer y prevalecieron.
A pesar de cuán instrumental fue el PIP en la lucha por Vieques, desde la campaña política del 2004 y en particular desde el 2 de noviembre del 2004 para acá, su dirección nacional ha demostrado que no tiene ni fuerza, ni disposición, convicción, motivación o espíritu para extrapolar la expresión de Vieques a la lucha por la autodeterminación de Puerto Rico. Se ha conformado con ser un partido político más y está pagando las consecuencias del desprestigio y el desgaste que esa decisión ha causado. O no saben lo que es un movimiento de liberación nacional, o no les interesa serlo. Independientemente de la motivación, es hora de darles las gracias por su trabajo y de que se vayan para sus casas si la reinscripción de acuerdo al criterio de ellos es para hacer lo mismo que se ha estado haciendo a lo largo de los últimos ciclos electorales. Y aún cuando los rudos despertares del 2004 y el 2008 les haya hecho cambiar de opinión, es hora de pasar el batón. El mal uso del fondo electoral considerando el hecho de que en lugar de sumar votos restaron, es motivo suficiente para que entreguen las llaves del local.
Con su partida, cada presidente de precinto debe convocar una reunión de inmediato invitando el mayor número de militantes, los de ahora y los de antes, los nuevos y los de experiencia, independientemente de las perspectivas de cada uno de ellos con el propósito de seleccionar unos delegados que vayan a una asamblea general con unas agendas de trabajo para inscribir y encaminar el PIP en la ruta de la construcción del nuevo país dentro de la colonia, contando con los seis pilares del movimiento de liberación nacional referidos previamente. La asamblea debe estar moderada o dirigida por aquellos independentistas que hayan sido militantes del PIP o que hayan abiertamente apoyado al partido durante los últimos ciclos electorales y que cuenten con experiencia previa en liderato político o cívico para que de la discusión surga una agenda de trabajo que sea delegada sobre una nueva comisión política que proceda a elaborar un plan de acción para la consideración de la militancia a través de la constitución de un nuevo comité central y una nueva asamblea de delegados que vayan más allá de ser un sello de goma, formando parte de unos cuadros deliberativos y de trabajo a nivel comunitario, municipal, regional y nacional. Con esa labor tenemos que ir construyendo una red de independentistas, una red política, económica, social y cultural, para conocernos, para fortalecernos, para asistirnos, para auspiciarnos, porque solamente a través del conocimiento de unos y otros y a través de la construcción de relaciones y enlaces políticos, económicos, comerciales y sociales es que podremos autodeterminarnos.
Comparto estas ideas como parte del proceso a través del cual tenemos que dejar de lamentarnos para empezar a trabajar por construir desde las ruinas y las paredes que quedan de la colonia una patria libre para todos y en la que reine la justicia social.
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