El sargento del ejército Allan Welchez Rivera camina al centro de reclutamiento y desvía la mirada al toparse con una consigna pintada en un muro: “U.S. Army: Una manera inútil de morir”.
Mientras continúa la guerra en Irak y Afganistán --y aumenta el número de soldados puertorriqueños caídos en combate-- ha surgido una campaña contra el reclutamiento en este estado libre asociado de 4 millones de habitantes.
Las escuelas de bachillerato se han convertido en un campo de batalla entre reclutadores y pacifistas. Ambos grupos tienen por igual acceso al campus y buscan convencer a los puertorriqueños de unirse al ejército o de desairarlo.
“Tomo esto como un conflicto personal”, dijo Welchez, de 35 años y originario de la ciudad de Nueva York. “Estamos protegiendo la constitución con lo que hacemos todos los días”.
La campaña contra el reclutamiento ha vigorizado al movimiento independentista en Puerto Rico, aunque sólo una minoría ha votado en favor de la independencia en los referendos de carácter no vinculante. Una minoría más amplia quiere que Puerto Rico se convierta en un estado más de Estados Unidos y la mayoría prefiere que la isla mantenga su condición actual de estado libre asociado.
Hace cinco años, el Partido Independentista Puertorriqueño comenzó a distribuir hojas volantes en las que alentaba a que los estudiantes de bachillerato impidieran a los reclutadores obtener su información personal.
El año pasado, el 57% de los estudiantes de los tres años de bachillerato firmaron un documento para solicitar que la información no se entregue a los reclutadores.
“El servicio militar ha sido siempre el tributo de sangre de la colonia”, dijo la senadora María de Lourdes Santiago, de los independentistas. “Los reclutadores siempre buscan las poblaciones más marginadas o pobres, y eso abunda en Puerto Rico”.
Estadísticas del Pentágono muestran que 37 efectivos originarios de la isla han muerto en Irak y Afganistán. Los grupos pacifistas consideran que el número supera los 80, incluidos los puertorriqueños que residen en Estados Unidos.
Wanda Colón, directora del Proyecto Caribeño de Justicia y Paz en San Juan, que también distribuye las hojas volantes, dijo que los reclutadores pintan la vida de un soldado “como si fuera una película de Indiana Jones”.
“Para cumplir con sus cuotas, prometen viajes, dinero y becas que nunca ponen por escrito porque nunca son realidad”, aseveró.
Pero los reclutadores niegan que exista subterfugio alguno y señalan que los militares cumplen sus promesas siempre y cuando los reclutas completen su contrato.
“Si ofrecemos un bono o un trabajo, está claro, lo garantizamos”, dijo el sargento primero Ernesto González, quien supervisa a más de un tercio de los 100 reclutadores del ejército en Puerto Rico.
En septiembre pasado, el Departamento de Educación de Puerto Rico dio a los grupos pacifistas el mismo acceso a las instalaciones escolares que tienen los reclutadores militares. La orden, suscrita por el Secretario de Educación, Rafael Aragunde, exhortaba a los estudiantes “a analizarlo de una forma completa e informada” cuando contemplaran una carrera militar.
Algunos distritos escolares en Estados Unidos han implementado políticas similares, y los grupos que se oponen al reclutamiento han distribuido decididamente formularios para que la información de los estudiantes no sea entregada a los representantes de las fuerzas castrenses, en varias de las ciudades principales.
Pero la campaña contra el reclutamiento en Puerto Rico ha sido recibida de mejor manera , dijo Pablo Paredes, un activista opuesto a la guerra, que ha viajado a la isla y a Estados Unidos, con la organización American Friends Service Committee, con sede en Filadelfia.
“No existe la sensación generalizada de que esta guerra es de los puertorriqueños. Definitivamente existe la noción de que esta situación es de otros”, dijo. “En las escuelas, ello permite mucha más equidad para los grupos que se oponen a la guerra”.
Los grupos contrarios a la guerra realizan talleres en las escuelas donde los reclutadores entregan sus tarjetas de identificación y conversan con los estudiantes en las instalaciones. Los directivos de las escuelas deben reservar espacios similares para los folletos de los militares y de los pacifistas.
Durante los últimos cuatro años, el alistamiento en Puerto Rico ha caído un 20%.
Una red poco compacta de grupos pacifistas e independentistas ha señalado que el descenso es una victoria, pero los reclutadores señalan que la campaña de los opositores ha tenido poco impacto, pues las fuerzas buscan a candidatos de más edad y con educación universitaria.
Sin embargo, Welchez y los funcionarios del Pentágono sospechan que la campaña de los pacifistas y la oposición a la guerra han disuadido a algunos reclutas potenciales.
Los reclutamientos en todas las ramas militares en Puerto Rico cayeron de 1.537 en el 2002 a 1.229 el año pasado, según el Pentágono. El Ejército ha experimentado la baja más considerable, de 972 a 733.
Los índices de reclutamiento durante los últimos cuatro años han quedado debajo de la contribución per cápita de los estados del territorio continental estadounidense.
Bill Carr, subsecretario de la Defensa para políticas de personal militar, dijo que las actividades que desalientan a los jóvenes para unirse al ejército están afectando probablemente las actividades de reclutamiento en Puerto Rico.
Añadió que los militares podrían gastar más recursos en publicidad para contrarrestar las campañas de los activistas. En el país, las fuerzas militares erogan actualmente unos 12.000 dólares en publicidad y otras tareas de reclutamiento por cada alistado, dijo.
Además, los reclutadores militares deben enfrentar la opinión pública cada vez más negativa sobre la guerra en Irak. Una encuesta reciente señaló que el 75% de los habitantes de la isla se oponen a ese conflicto.
En Estados Unidos, un 57% de los habitantes considera que ir a la guerra en Irak fue un error, de acuerdo con una encuesta reciente.
Cada mes, Madres Contra la Guerra, una organización puertorriqueña, realiza protestas frente al centro de reclutamiento de Mayagüez, en el oeste de Puerto Rico. Sonia Santiago, dirigente de la organización, considera que Estados Unidos invadió Irak y Afganistán para garantizar su abasto de energéticos, no para instaurar gobiernos democráticos ni por razones de seguridad.
Pese a la campaña contra el reclutamiento, Welchez y otros grupos que buscan nuevos soldados, dicen que suelen ser bien recibidos, aunque evitan ir a algunas zonas uniformados. Algunos profesores universitarios “me han encarado” y dicho que abandone el campus, dijo.
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